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Sin límites

cris-pink-mar-estradaMAR ESTRADA
Cris Pink, Koblenz, Alemania (1956). Trabaja en un estudio sencillo en pleno centro de Palma. Alemana de nacimiento y formación, llegó a la isla hace diecisiete años. Habla varios idiomas y el lenguaje que utiliza en su pintura es el más universal: abstracción espiritual dirigida a un espectador que esté dispuesto a observar con tiempo sus estructuras compuestas por varios niveles trabajados al óleo. En el frenesí de imágenes que nos acosan, su pintura propone una instrospección meditada.

-Hábleme de su estudio.
-Trabajo hace años en este estudio y lo siento muy íntimo y cómodo. Antes compartía el estudio y desde que tengo éste y trabajo sola me siento mucho mejor.
-¿Cómo sería su estudio ideal?
-Tendría un espacio para trabajar los grandes formatos, una biblioteca, un estudio de vídeo, al que me estoy aficionando. Necesito también un rincón para los momentos de relax, que son importantes, la luz tendría que ser cenital, es la luz más difusa y más fácil para iluminar un cuadro, siempre con el apoyo de la luz artificial que crea un ambiente íntimo.
-¿Cuáles son sus puntos de partida?
-Cualquier cosa me puede inspirar, aunque siempre hay un concepto sobre el que trabajo. Hay impulsos que puedo captar en la naturaleza, que se pueden plasmar aunque no sea consciente, hay algo de automatismo en mi modo de hacer. Es una absorción constante, puede ser un libro, una película, cualquier impulso que tenga que ver con un lenguaje artístico.
-Tiene una técnica muy depurada.
-Mi técnica está en relación con el concepto. La atemporalidad y la multiplicidad de momentos forman parte de la idea de lo incesante, de lo no terminante, lo ciclico. No quiero que en la pintura aparezca mi personalidad, el cuadro debe transmitir la impresión de que ha existido antes como en la idea de Miguel Ángel, la figura ya estaba dentro de la piedra, sólo ha quitado lo sobrante. Me gustaría que los cuadros transmitieran una imagen ya conocida, familiar. Mis cuadros no tienen bordes, no hay limitación, proponen una inmersión en algo desconocido y la búsqueda de tu propio sendero, descubrir cosas de uno mismo en el cuadro. El factor tiempo es muy importante en el proceso de realización, trabajo por capas al óleo; necesito horas para dar cada capa. Nunca dejo que el óleo se sature y saque brillos, siempre es una superficie muy satinada que deja transparentar los fondos.
-¿Qué ha recogido de la pintura americana de los Campos de Color?
-La idea de que el cuadro no tiene límites, que el propio cuadro deja de ser una ventana y se convierte en un objeto, una estructura que no representa.
-¿Qué capacidad cree que tiene la pintura para llegar a un público amplio?
-Ahora el espectador busca lo nuevo y lo nuevo es la imagen en movimiento. La sociedad vive a una velocidad vertiginosa y la contemplación que implica la pintura tiene poco espacio. Si la exposición no causa un impacto no suscita el interés. Lo que yo reivindico es juntamente volver a la contemplación y tomarse el tiempo para volver al análisis del icono, disfrutar del hecho de la pintura.
-¿Entiende sus obras como estructuras autosuficientes o como dependientes del mundo físico exterior?
-Creo que siempre hay un punto de partida. Como seres humanos tenemos nuestras percepciones, sentimos, vemos, las estructuras que voy trabajando me sirven como discurso para crear una superficie que me lleva a la idea de lo universal. Tanto si son estructuras que se pueden asociar a una visión, del mar por ejemplo, o un microcosmos. Formamos parte de algo que nos impregna y que nos mueve, algo esencial, consustancial al hombre.
-Una vez dijo: “No me interesa la pintura amable y confortable”, ¿podría ahondar en esta afirmación?
-Cuando trabajo lo que busco es que la superficie sea homogénea, que no aparezca ningún punto que pueda distraer la atención, quiero que la atención esté en todo el cuadro, no quiero dar ningún acento. La superficie tiene que producir una inquietud, mucha gente se siente amenazada por esto, no es fácil, no te da una receta, un lugar por donde entrar. Es como una tábula rasa.
-¿Espera provocar una sensación?
-Antes de razonar percibimos, es un proceso que necesita tiempo. El resultado es una introspección, los cuadros son espejos de uno mismo. Si hay algo representativo, una desviación a otros hechos o asociaciones te ayudan a dispersarte, pero si miras una obra en la que no hay distracción entonces sí es posible la introspección que es lo que yo espero del espectador.
-¿Hay alguna filosofía o religión debajo de todo esto?
-Puede ser. Ejerzo el Tai-chi desde hace años y medito desde muy joven. Sí, hay esta tendencia a la meditación y a la introspección.
-¿Le afectan los acontecimientos externos?
-Los acontecimientos sangrientos y violentos que observamos me preocupan, por supuesto. La mente del artista sí debe estar un poco politizada. Los artistas hemos perdido la voz y la conciencia está borrada por un exceso de imágenes que recibimos continuamente, busco una tábula rasa desde donde poder resituarnos, es un grito silencioso. No quiero participar en la vorágine de las imágenes, huyo de todo efectismo, en esto sí hay taoísmo, que parte de algo reducido, el lenguaje puro y duro.

Brisas, 29 Junio de 2002


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